Publicamos una tribuna sobre rotondas en el periódico local

Hace ya dos años, en enero de 2024, desde Logroño Andando y la pmLR preparamos una serie de observaciones a la reforma de la C/ San Antón y en particular sobre la posible rotonda entre Vara de Rey y Pérez Galdós. Estas observaciones las registramos en el Ayuntamiento de Logroño, de manera que a esta institución les consta nuestra opinión de forma fehaciente:

  • No hay datos que justifiquen su necesidad: no está acreditada una siniestralidad elevada ni problemas de capacidad/fluidez en esa intersección.
  • Efecto contrario al objetivo del proyecto: si San Antón busca reducir el tráfico motorizado, una rotonda que aumenta la capacidad de la intersección podría generar tráfico inducido y, paradójicamente, más coches por San Antón.
  • Riesgo de congestión: una rotonda reparte prioridad por igual entre ejes, lo que podría perjudicar al eje de mayor tráfico (Vara de Rey) y generar colas donde hoy no las hay.
  • Problemas geométricos serios: el espacio disponible entre fachadas es insuficiente para una rotonda conforme a la normativa del Ministerio (Norma 3.1-IC), que exige diámetros mínimos de 28-40 m (un carril) o 35-55 m (dos carriles). Encajarla afectaría gravemente al monumento a los Donantes de Sangre y a los itinerarios peatonales accesibles (mínimo 1,80 m libres según normativa de accesibilidad).
  • Perjudicaría al transporte público: los autobuses del carril bus de Vara de Rey tendrían que reducir velocidad para tomar la rotonda, comprometiendo una futura priorización semafórica del transporte público.
  • Coste desproporcionado frente a los beneficios reales.
La zona peatonal donde se talarán dos árboles para dar cabida a una rotonda

A pesar de todo, el Ayuntamiento ha sacado a licitación esta reforma sin que el expediente justifique ninguno de estos aspectos y sin participación pública. Peor aún, la obra implica la tala de al menos dos árboles maduros y la reducción del espacio peatonal disponible en la Plaza Donantes de Sangre, tal como avisábamos ya en 2024.

Para dar a conocer en la sociedad estos aspectos, hemos remitido una Tribuna al periódico La Rioja, que reproducimos a continuación.


Un millón de euros para pasar más coches

La solución coherente es reducir el tráfico, pero una rotonda hará lo contrario



El Ayuntamiento de Logroño acaba de licitar, por 1.071.216 euros, la construcción de una rotonda en el cruce de Vara de Rey con Pérez Galdós. Dinero público para una obra que no responde a ninguna necesidad demostrada, que contradice los objetivos de movilidad que el propio Consistorio dice perseguir en la cercana calle San Antón, que reduce el espacio peatonal disponible, elimina arbolado maduro, y aprobada sin participación ciudadana, sin estudio de tráfico e ignorando las advertencias técnicas que colectivos ciudadanos presentaron hace más de un año.

Antes de dilapidar un millón de euros en poner patas arriba un cruce, lo mínimo exigible es saber qué problema se quiere resolver. Pero el expediente no incluye estudio de tráfico, medición de aforos o alguna estadística de siniestralidad que justifique la intervención. La única justificación oficial es que la rotonda servirá para «permitir los giros a la izquierda ahora prohibidos, mejorando la fluidez y seguridad viaria». Dicho en claro: se gasta un millón en habilitar un giro a la izquierda. No hay un problema previo identificado con datos: hay una solución decidida de antemano para la que se busca un problema.

Diversos colectivos ciudadanos advirtieron de esto en enero de 2024. Sus observaciones señalaban que no constaba siniestralidad elevada, que no había datos de saturación del tráfico —especialmente tras el cierre de la vieja estación de autobuses— y que sin aforos reales era imposible evaluar si la solución era adecuada. El Ayuntamiento las ignoró.

La rotonda se presenta como «paso previo a la remodelación de la calle San Antón». El objetivo declarado de esa remodelación es reducir el tráfico de coches para generar un entorno de mayor calidad, más habitable. El diagnóstico: el 65,9% del espacio público de la calle más comercial de Logroño está dedicado al coche. Hay niveles de ruido medidos en 69 dB -muy por encima del límite de 55 dB de la OMS, y que impiden una conversación en tono normal- y el colegio más próximo figura entre los más afectados por contaminación del aire según el reciente estudio de FAPA Rioja y Ecologistas en Acción.

La solución coherente es reducir el tráfico. Pero la rotonda hará lo contrario: el efecto esperable -llamado demanda vehicular inducida- es que más conductores elijan ese recorrido, precisamente porque la rotonda lo pone más fácil. San Antón, que se quiere pacificar, acabará siendo más transitada.

Logroño presenta buena accesibilidad en coche: la ciudad cuenta con accesos rodados y aparcamientos que cubren bien la demanda de quienes llegan desde la comarca o la región. El problema no es el acceso -llegar a Logroño-, sino la prioridad que se da al coche una vez dentro del centro, en desplazamientos internos.

Hay alternativas. Los colectivos habían presentado propuestas concretas: calle residencial con plataforma única, carril para garajes y carga/descarga, circulación ciclista en ambos sentidos y espacio peatonal con arbolado. Soluciones que funcionan en otras calles de Logroño y que múltiples estudios demuestran que incentivan el comercio local. Pero se han rechazado de facto.

Las rotondas son, según la documentación técnica del Ministerio de Transportes, «poco compatibles con un tráfico intenso de peatones». Los pasos peatonales se alejan del anillo, alargando recorridos en esquinas que ya son estrechas. Suelen además aumentar la velocidad de los coches, elevando el riesgo de atropellos. Para los ciclistas, son un punto de conflicto probado. Para el autobús, los semáforos actuales permitirían en el futuro implementar prioridad semafórica; pero una rotonda complica esa posibilidad. Y las de radio pequeño como la planteada -35 metros frente a los 45-55 que recomienda Transportes- obligan a los autobuses a acelerar y girar bruscamente, creando situaciones de peligro potencial e incomodidad para los pasajeros.

Mientras Logroño gasta un millón en facilitar que más coches circulen por su centro, otras ciudades llevan décadas haciendo justo lo contrario. Pontevedra lleva más de veinte años sin dar prioridad al coche sobre quienes caminan o usan el transporte público. El resultado es un centro vivo y vibrante, con menos atropellos, menos contaminación y menos ruido. Más capacidad para el coche atrae más tráfico, que genera más atascos, y a su vez demanda de más espacio. Un círculo vicioso del que se puede salir, cambiando la prioridad de las inversiones.

Las propuestas ciudadanas para esta zona ya estaban elaboradas y documentadas. Estaban sobre la mesa del Ayuntamiento. Se han ignorado.

Una decisión de más de un millón de euros que afecta a uno de los principales accesos al centro, que contradice los objetivos del proyecto de San Antón, que perjudica a peatones, ciclistas y usuarios del autobús, y que se ha tramitado sin un solo dato que la justifique, merece algo más que silencio institucional. Merece una explicación pública, detallada y honesta. Hasta ahora no ha habido ninguna.